Nombre del autor:dmjimena@hotmail.com

¿Por qué algunas empresas tienen éxito y otras fracasan?

 

 

¿Por qué algunas empresas tienen éxito y otras fracasan?

Daniel Eduardo Cassieri

Daniel Eduardo Cassieri

Director | Consultor | Estrategia de Negocios | Innovación

Fundamentalmente el éxito o el fracaso de una organización dependen de la estrategia que implemente su equipo directivo. Las empresas que carecen de una buena estrategia, suelen perder el rumbo y terminan consiguiendo rendimientos mediocres.

Un proceso de reflexión estratégica exige enfrentarse con claridad y resolver con intensidad los  problemas fundamentales de cualquier actividad empresarial: la supervivencia, el crecimiento y la rentabilidad. Este proceso reflexivo se hace aún más desafiante en un ambiente cada día más incierto, complejo y cambiante.

Los líderes empresariales a menudo malinterpretan el significado real de la estrategia.

Para empezar está la misión. ¿Por qué existe la empresa? ¿Cuál es su razón de ser? Todas las organizaciones deben explicitar un propósito para inspirar y ayudar a sus integrantes a estar más conectados y motivados para actuar.   

Luego, debe haber una visión. ¿Hacia dónde vamos? ¿A dónde aspiramos llegar y en cuánto tiempo?. Lo cierto es que cualquier empresa ha de mirar al futuro, intentar visualizarlo y establecer una dirección. Ya lo dijo el filósofo y escritor romano Lucio Séneca: “no hay viento favorable para quien no sabe a qué puerto se dirige”.

Y después viene la estrategia, una vez que sabemos a dónde queremos llevar a la organización. La estrategia es entonces, ni más ni menos que el conjunto integrado de elecciones que permite a una empresa alcanzar su visión. La estrategia debe indicarnos qué camino vamos a elegir para poder cumplir con nuestra ambición de negocio y generalmente, hay más de un camino para tomar. Pero una estrategia no es sólo una hoja de ruta sino también es un marco para la toma de decisiones, un conjunto de principios de negocio que se convierten en mandatorios y que pueden aplicarse a medida que la empresa y su entorno evolucionan. Una empresa puede tener que cambiar su estrategia si hay cambios estructurales importantes en su industria.

Finalmente también tenemos las tácticas. ¿Cuáles son las acciones específicas para llevar a cabo la estrategia?. Para desplegar una estrategia necesitamos articular un conjunto de iniciativas y proyectos concretos que requieren de la asignación de recursos y deben ser priorizados y monitoreados.

Habiendo conversado con empresarios de diferentes industrias y escalas, hemos observado que muchas organizaciones carecen de una estrategia y si la tienen, por regla general, ha sido deficientemente formulada y aún peor implementada.

Según un estudio realizado por Robert Kaplan y David Norton de Harvard, el 85% de los equipos ejecutivos manifestó destinar menos de una hora por mes a hablar sobre estrategia y el 50% dijo que casi no le destinaba tiempo a la discusión. 

¿Por qué el comité ejecutivo no invierte más tiempo y esfuerzo en tomar buenas decisiones estratégicas? Hemos identificado y analizado varios motivos:

  • La primera y principal razón de la ausencia o mala estrategia es la escasez de directivos y gerentes con conocimiento y experiencia suficientes sobre gestión estratégica. Como vimos, esto favorece a una confusión de términos y conceptos. Hemos participado de numerosas reuniones ejecutivas bajo el título de “jornada de planificación estratégica”, donde en realidad se discutía el budget o el próximo presupuesto anual, que es una proyección de ingresos, gastos y recursos, muy importante, pero que como vimos no responde a las preguntas clave de la estrategia: cuál es la ambición, el alcance del negocio y la ventaja para competir. Peor aún, muchas veces esas proyecciones y asignaciones están desconectadas de la estrategia implícita o declarada.
  • La siguiente razón tiene que ver con el sometimiento a la “tiranía del corto plazo”. Algunas empresas ven a la gestión estratégica como una pérdida de tiempo frente a los retos y dificultades que impone el día a día. Sin embargo, esta actitud es contraproducente ya que es justamente en los ambientes turbulentos y durante las crisis, cuando más se justifican los procesos de reflexión estratégica para neutralizar amenazas y aprovechar oportunidades. Es indispensable una buena planificación ante eventualidades y la elaboración de modelos formales de estrategia ya que la experiencia no siempre es la mejor guía. Este suele ser el caso de muchas empresas que la mayor parte del tiempo se dedican a abordar problemas de forma reactiva en lugar de adelantarse a los problemas.
  • En la misma línea, muchos directivos y gerentes terminan atrapados en la carrera por la eficacia operativa y no entienden la necesidad de tener una estrategia. Además los ejecutivos están sometidos a una presión cada vez mayor por mostrar resultados a sus accionistas y evidenciar mejoras en el desempeño que sean tangibles y medibles. Pero muchas veces las decisiones cortoplacistas y sin una dirección clara terminan conspirando con la salud de la empresa en el largo plazo.
  • Finalmente, otra razón importante por la que el equipo ejecutivo no se involucra en la estrategia es la falta de consenso y las ideas diferentes acerca de cuál es el principal problema estratégico de su organización y qué rumbo deberían tomar para alcanzar el éxito.

Obviamente, el primer paso para crear una gran estrategia es tener una perspectiva y una visión compartidas. Esto incluye desarrollar una comprensión detallada de las necesidades de los clientes y luego identificar formas únicas de crear valor para aquellos a quienes la empresa elige servir. El proceso debe implicar una evaluación rigurosa y objetiva de las competencias y los recursos de la empresa. Y la parte creativa del desarrollo de la estrategia es encontrar el punto óptimo para alinear las capacidades de la empresa con las necesidades del cliente de una manera que los competidores no puedan o tarden en igualar dado el contexto externo cambiante.

Muchas veces las decisiones estratégicas se toman en soledad sin un proceso bien estructurado, con equipos reducidos y con poca claridad sobre los impactos y las consecuencias.         

Nuestra visión externa experta puede ayudarte a diseñar e implementar una buena estrategia de negocio minimizando los riesgos y garantizando que las cosas realmente sucedan.

Guía para diseñar una buena estrategia

 

 

Guía para diseñar una buena estrategia

Daniel Eduardo Cassieri

Daniel Eduardo Cassieri

Director | Consultor | Estrategia de Negocios | Innovación

El andar en los negocios (y en la vida) sin una buena estrategia, es como jugar a la “piñata” o al “gallito ciego”, nos pasamos dando golpes en el aire, dudando y sin un rumbo fijo… con pocas probabilidades de éxito.

Para nosotros, una buena estrategia es una sucesión coordinada e integrada de decisiones que contemplan una definición del objetivo a conseguir o el problema estratégico a resolver, que puede incluir aprovechar las oportunidades o neutralizar las amenazas que nos plantea el contexto. Debido a que la mayoría de las empresas participan y compiten en un entorno limitado (un sector, una industria o un ecosistema) es esencial definir el alcance o dominio de su negocio.

Y quizás lo más importante, las empresas deben tener un sentido claro de la ventaja o el método único para ganar en su mercado, es decir cuál es su proposición de valor distintiva y los medios por los cuales la empresa conseguirá su objetivo declarado. La estrategia es encontrar el punto óptimo que alinee las capacidades de la empresa con las necesidades del cliente de una manera que los competidores no puedan igualar. Es un proceso creativo que implica considerar y evaluar múltiples opciones hasta encontrar el mejor encaje entre las fortalezas de la organización y las oportunidades que ofrece el mercado

Por lo tanto, la definición completa de la ventaja competitiva de una empresa consta de dos partes. La primera es una declaración de la propuesta de valor para los clientes. Cualquier declaración de estrategia que no pueda explicar cómo aportamos valor a los clientes y por qué nuestra ecuación de valor es superior a la de la competencia, está condenada al fracaso. La segunda parte de la declaración de ventaja involucra al modelo de negocio, es decir a las bases de cómo creamos y entregamos ese valor a través de una combinación compleja y única de recursos y actividades, y cómo la empresa captura valor para sus dueños y accionistas.   

Los expertos más influyentes en estrategia, clásicos y modernos, terminan basando sus modelos y debates en torno a estos tres principios rectores: clarificar el objetivo, el alcance y la ventaja de la empresa.

Lo más difícil de tomar decisiones estratégicas es que siempre implican trade-offs, es decir soluciones de compromiso. En palabras de Michael Porter: la estrategia hace que las opciones sobre qué no hacer sean tan importantes como las opciones sobre qué hacer. Si una empresa persigue alcanzar cierto tamaño o acelerar su crecimiento, implicará inversiones que probablemente afectarán su rentabilidad en el corto plazo. Si decide atender a los individuos y familias, el negocio corporativo pasará a segundo plano. Si obtiene su ventaja competitiva a través de la especialización en un segmento o nicho, le será muy difícil proporcionar su producto o servicio al resto del mercado. Por lo tanto, la estrategia requiere de una disciplina constante y una comunicación clara. De hecho, una de las funciones más importantes de una estrategia bien comunicada, es poder guiar a los integrantes de la organización en sus decisiones del día a día sobre qué priorizar o dejar de hacer cuando sus actividades cotidianas y la asignación de recursos entran en conflicto.      

Por último, nuestra perspectiva sobre tres cuestiones muy actuales de gestión: eficiencia, transformación digital y agilidad; que a veces se confunden con la estrategia.

Mejorar la eficiencia es una parte necesaria de la gestión, pero no es una estrategia. La agenda de eficiencia operativa implica la introducción de mejores prácticas, la mejora continua, la eliminación de desperdicios en los procesos y alivianar estructuras para disminuir costos. No hacerlo puede conspirar con la rentabilidad y crear vulnerabilidades incluso para las empresas con una buena estrategia.

Pero como vimos, la agenda estratégica contempla cuestiones diferentes, que tienen que ver con la ambición y el alcance de la empresa, cómo crear una propuesta de valor distintiva y configurar las actividades que la soporten para poder ganar en el mercado. Demasiado apego sólo a los temas de eficiencia puede derivar a que todos terminen haciendo y ofreciendo más o menos lo mismo y a una pérdida de diferenciación, lo que está impulsando a muchas industrias hacia una convergencia competitiva. Este proceso de homogeneidad y competencia por precio produce una erosión generalizada de la rentabilidad que no es buena para nadie, situación que W. Chan Kim y Renée Mauborgne (INSEAD) han bautizado como un “océano rojo”.

Tampoco la transformación digital es una estrategia. Es un importantísimo habilitador que permite a una organización seguir el ritmo de las demandas emergentes y la ayuda a competir mejor en un entorno que cambia constantemente a medida que la tecnología evoluciona. Es la incorporación de tecnología digital en todas las actividades de una empresa, cambiando fundamentalmente la forma en que opera y brinda valor a sus clientes. También supone un cambio cultural que requiere que las organizaciones desafíen su estilo de liderazgo, la forma de trabajo, pongan en valor a sus datos, adhieran al pensamiento de diseño, experimenten y se sientan cómodas con el fracaso.

Muchas empresas están embarcadas actualmente en costosos procesos de digitalización pero sin saber muy bien qué metas y beneficios persiguen. Lo importante es definir para qué nos queremos transformar y ahí recién aparece la estrategia. La transformación digital puede implicar el rediseño de productos y procesos para alcanzar nuevos segmentos de clientes que antes eran inaccesibles (alcance) y acelerar el crecimiento (objetivo). Puede abrir la posibilidad de organizar un ecosistema con otros socios de negocio para potenciar nuestra propuesta de valor y generar efectos de red  (ventaja). De vuelta, la transformación es un medio, no es un fin en sí mismo.

Menos aún la agilidad es una estrategia. Es una capacidad, una muy valiosa que tiene una utilidad  operativa inmediata porque faculta a que la organización sea más flexible y rápida para responder a los retos que impone el entorno. La agilidad mejora el time to market y la posibilidad de adaptación actuando como facilitador para reaccionar frente a las presiones y las incertidumbres del mercado.

Sin embargo, de qué vale ser ágiles y poder pivotear rápido, sin saber en qué dirección. Se necesita de una estrategia para poder tomar las decisiones correctas sobre hacia dónde dirigir esa capacidad.

Muchas veces las decisiones estratégicas se toman en soledad sin un proceso bien estructurado, con equipos reducidos y con poca claridad sobre los impactos y las consecuencias.         

Nuestra visión externa experta puede ayudarte a diseñar e implementar una buena estrategia de negocio minimizando los riesgos y garantizando que las cosas realmente sucedan.

Claves para emprender sin naufragar en el intento

 

 

Claves para emprender sin naufragar en el intento

Daniel Eduardo Cassieri

Daniel Eduardo Cassieri

Director | Consultor | Estrategia de Negocios | Innovación

La mayoría piensa que ser emprendedor se trata de tener una gran idea de negocio. Algo novedoso que las personas necesiten o deseen y lo más importante que estén dispuestas a pagar. Pero lo que descubrimos al hablar con emprendedores es que sin la capacidad de ejecución, es decir la habilidad para convertir la idea en una empresa viable, el proyecto suele estar condenado a quedarse en el camino.   

Sabemos que por su naturaleza la actividad emprendedora es riesgosa y se desenvuelve bajo condiciones de extrema incertidumbre. Según Fundera subsidiaria de NerdWallet, que es una entidad norteamericana especializada en el financiamiento y apoyo de emprendedores, el 20% de los nuevos proyectos fracasan en su primer año, el 30% en su segundo año y el 50% después de cinco años. Finalmente, el 70% de las empresas emergentes no sobrevive al décimo año.

¿Por qué fracasan los emprendedores? Hay muchas razones por las que una startup puede naufragar en el intento de convertirse en una empresa viable, pero por regla general se debe a alguno de estos factores o a su combinación: una demanda insuficiente para sus productos o servicios, un equipo inadecuado, un flujo de caja persistentemente negativo y dificultades para acceder al capital. Claramente, el grueso de los problemas está relacionado con fallas de gestión y con la inexperiencia en la práctica empresarial. 

Todo proyecto nace con una idea, o mejor dicho con la detección de un problema sin solucionar o mal resuelto que puede convertirse en una oportunidad de negocio. Con este problema en mente, el emprendedor desarrolla un producto o servicio capaz de resolverlo y para ello invierte tiempo y dinero (suyo, de algún amigo o de un inversor audaz). Este primer producto, que suele conocerse como producto mínimo viable (MVP) se prueba en el segmento objetivo para recoger feed-back de los clientes o usuarios y de acuerdo a los resultados se decide seguir avanzando o replantear (pivotar) la propuesta.      

Una vez conseguido el encaje problema-solución, ahí empiezan los verdaderos retos para cualquier emprendedor. Cómo desarrollar y lanzar el producto al mercado con suficiente espalda financiera para soportar la etapa inicial de cash-flow negativo (por eso lo llaman atravesar el abismo o el valle de la muerte). Cómo conseguir el encaje producto-mercado, es decir una masa suficiente de clientes y  penetrar el mercado mediante un modelo de comercialización, promoción y relacionamiento exitosos. Cómo desarrollar las capacidades y disponer de los recursos suficientes para poder sostener el escalamiento del negocio.

Hemos visto demasiados emprendedores enamorados de su idea y que transmiten una enorme pasión, pero con un sesgo de excesiva confianza que puede conducirlos a ser menos realistas y pragmáticos a la hora de tomar decisiones. Invirtiendo tiempo y esfuerzo en pulir la propuesta de valor para sus clientes, no obstante sin dedicar el mismo esfuerzo en formular una estrategia para desarrollar su mercado y diseñar un modelo de negocio sustentable y rentable. Trabajando en solitario o con un grupo reducido de personas, sin conformar equipos sólidos que aporten diversidad de conocimientos y en los que pueda delegar. Sin adecuar su estructura organizativa al tamaño y a la escala que van alcanzando.

Por eso desde  nuestro punto de vista, si se está liderando un emprendimiento con potencial de  crecimiento, una de las cosas más valiosas que debe hacerse desde el principio, es buscar ayuda experta y asesoramiento. Escalar una empresa es un trabajo muy difícil, y los riesgos pueden minimizarse si sabemos aprovechar las perspectivas, la experiencia y el acceso a competencias y recursos que otros puedan aportarnos.

Nos interesa comprometernos con los emprendedores y acompañarlos a conseguir sus metas.

Podemos ayudarte a probar y fortalecer tus ideas y darte acceso a un plan de trabajo de cuatro etapas para desafiar la validez del modelo de negocio de tu emprendimiento, cruzar el abismo y conseguir el ajuste producto/mercado que permita escalar tu proyecto hasta convertirlo en una empresa viable. 

Redefinir las fronteras del mercado innovando

 

 

Redefinir las fronteras del mercado innovando

Daniel Eduardo Cassieri

Daniel Eduardo Cassieri

Director | Consultor | Estrategia de Negocios | Innovación

Hoy en día las fronteras de los mercados y de las industrias están volviendose cada vez más difusas. Las organizaciones tradicionales enfrentan el reto de ser “disrumpidas” o “disrumpir” apostando a un nuevo segmento del mercado existente que no estaba siendo atendido o creando un mercado totalmente nuevo. La estrategia empresarial está reorientándose desde una perspectiva clásica basada en la lucha feroz entre competidores hacia una mirada muy diferente de búsqueda mediante la innovación de nuevos espacios donde competir.    

Si bien es cierto que conocer a la competencia es una fuente de información muy importante para comprender al mercado, pensar la estrategia sólo en función de lo que hacen o no los rivales resulta insuficiente. W. Chan Kim y Reneé Mauborgne utilizan la analogía de un océano rojo para describir la estrategia empresarial tradicional centrada en la intensificación de la competencia por precio, en el que las empresas prácticamente se devoran entre sí y terminan por erosionar la rentabilidad de su industria. Por el contrario, promueven una nueva forma de pensar que llaman la creación de un océano azul, es decir la disposición a abrir un nuevo espacio de mercado en el que todavía no hay competencia y crear una nueva demanda.

¿Cómo implementar una estrategia de océano azul?

Pasar con éxito de los océanos rojos de la competencia sangrienta a los océanos azules de un nuevo espacio de mercado depende de tres componentes clave: tener la perspectiva correcta, una hoja de ruta clara con herramientas de creación de mercado y desarrollar confianza en el equipo directivo y entre los colaboradores para impulsar y apropiarse del proceso.

1.- Los líderes empresariales y ejecutivos que adoptan la estrategia de océano azul para hacer negocios están dispuestos a desafiar las suposiciones arraigadas y consideran como artificiales los actuales límites de su industria. Esta nueva perspectiva tiene como principios rectores

  • No tomar las condiciones de la industria como dadas, más bien remoderla a tu favor.
  • No se trata de vencer a la competencia, en cambio hacer que la competencia sea irrelevante.
  • Enfocarse en crear y captar nueva demanda, no en pelear por los clientes existentes.
  • Perseguir simultáneamente la diferenciación y el bajo costo, en lugar de hacer un trade-off valor-costo.

2.- Están disponibles un menú de herramientas y marcos conceptuales que permiten llevar delante de manera sistemática el diseño de una estrategia de océano azul.

En nuestra experiencia, conviene arrancar el proceso con el modelo de las curvas de valor, que permite entender la dinámica competitiva de la industria e identificar brechas en el mercado que aún no se han aprovechado. Es un medio simple y visual para comparar la propuesta de valor o perfil estratégico actual con las de otros jugadores importantes de la industria. 

El marco de las cuatro acciones se utiliza como método de innovación para rediseñar la propuesta de valor y elaborar una nueva curva de valor o perfil estratégico. A fin de romper la solución de compromiso entre diferenciación y bajo costo, el marco plantea cuatro preguntas clave para desafiar la posición estratégica tradicional en una industria.

Con el propósito de trazar una nueva dirección para la empresa, es adecuado usar el modelo analítico de los tres niveles de no clientes, para ayudar a las empresas a comprender mejor la demanda latente que pueden aprovechar para crear océanos azules.

3.- Para el momento de la ejecución de la estrategia será necesario enfrentar una natural reacción adversa al cambio, por lo tanto es necesario repensar los recursos, la motivación y las políticas de la organización. La implementación de la estrategia de océano azul requiere contar con la participación de todos los miembros de la organización y no solamente con el equipo directivo de la empresa. Esto es fundamental para el éxito.

Finalmente, conviene recordar que las alternativas estratégicas de este tipo, deben considerarse como un sistema dinámico que se encuentra en permanente evolución, en un beta constante, en una fase de aprendizaje que debe formar parte de la cultura organizacional. Cuando una estrategia de océano azul tiene éxito, aparecerán los imitadores y es posible que surja nuevamente la tendencia a enfocarse en luchar con la competencia. Por lo tanto, en palabras de W. Chan Kim y Reneé Mauborgne es “necesario renovar los océanos azules antes de que se tiñan de rojo”.

Muchas veces las decisiones estratégicas se toman en soledad sin un proceso bien estructurado, con equipos reducidos y con poca claridad sobre los impactos y las consecuencias.        

Nuestra visión externa experta puede ayudarte a diseñar e implementar una buena estrategia de negocio minimizando los riesgos y garantizando que las cosas realmente sucedan.

Que no te sorprenda la próxima ola de cambio

 

 

Que no te sorprenda la próxima ola de cambio

Daniel Eduardo Cassieri

Daniel Eduardo Cassieri

Director | Consultor | Estrategia de Negocios | Innovación

El primer paso para iniciar un proceso de reflexión estratégica es observar el mundo que nos rodea, un principio que vale aún más en tiempos tan volátiles, inciertos, complejos y ambiguos.

En las últimas cinco décadas hemos experimentado en palabras del sociólogo catalán Manuel Castells una transformación de orden tecnológico, organizativo e institucional que derivó en la sociedad en red, en una era digital donde el modo en que nos relacionamos, consumimos, trabajamos y estudiamos se ha visto radicalmente alterado. Estos avances se asientan en la convergencia de las tecnologías de la información y la comunicación, en la combinación de las computadoras, internet y la telefonía móvil. Hoy en día estamos hablando de las tecnologías emergentes como la Web3 y el blockchain, internet de las cosas, realidad virtual y el metaverso que profundizarán la digitalización en todos los aspectos de la vida.

La transformación digital, potenciada a escala global después de la pandemia de covid-19  interpela a las empresas y sus modelos de negocio impactados por el cambio en las preferencias y los hábitos de consumo. El nuevo consumidor está poniendo en cuestionamiento nuestras propuestas de valor, los canales comerciales, los modelos de atención de los clientes y los procesos de negocio. Y la ola de cambio no se detiene. Bill Gates apuntó recientemente a la inteligencia artificial como la tecnología más importante del futuro. Lo cierto es que la revolución tecnológica está remodelando nuestra realidad como nunca antes. Entonces, cómo elaborar una estrategia exitosa en un entorno empresarial tan turbulento y exigente.

La elección de una estrategia precisa en primer lugar de un buen observador. Pero no de cualquier clase de observador, sino a nuestro juicio, de un observador dispuesto a interpretar la realidad desde una doble mirada. Un poco como el dios Jano consagrado por los romanos al primer mes del año (Ianuarius) que era representado con dos caras mirando hacia ambos lados de su perfil, con la intención de invocar el final y el comienzo de un ciclo.

La decisión de un rumbo estratégico es el resultado de un proceso intenso y complejo que frecuentemente entraña dos tipos diferentes de perspectiva. Implica mirar hacia atrás para comprender el presente de nuestra organización y hacernos las preguntas clave: ¿de dónde venimos?, ¿cuál es nuestro negocio actual?, ¿qué cosas nos trajeron hasta acá?. Y también mirar hacia adelante para construir una visión de futuro: ¿cuál debería ser nuestro negocio?, ¿a dónde nos gustaría llegar?. Este ejercicio de anticipación significa prepararnos para minimizar los riesgos y aprovechar las oportunidades que nos propone el entorno. 

En particular, en un proceso de visualización siempre conviene prestar muchísima atención a cómo nos vamos a parar ante la emergencia de las nuevas tecnologías, que por un lado son un extraordinario aliado para impulsar la innovación en las organizaciones establecidas, pero por el otro, también representan una enorme amenaza debido a que motorizan la disrupción y facilitan el ingreso de nuevos competidores de base tecnológica que pueden cambiar las reglas de juego del mercado y amenazar la posición de las empresas tradicionales.

Debemos entender el curso habitual del avance tecnológico en términos evolutivos, como la acumulación de pequeñas novedades que a veces pueden pasar inadvertidas, pero que con el correr del tiempo originan profundas variaciones en las formas de producción y de consumo. La ruptura y la discontinuidad van cocinándose a fuego lento hasta que en un momento, por alguna causa, todo termina acelerándose y entonces se produce un quiebre, lo que Andrew Grove dio en llamar un punto de inflexión (tipping point en inglés). Un momento bisagra caracterizado por importantes y evidentes cambios de los que deriva la reconfiguración de los mercados.

Para muchos expertos como Rita McGrath de la Universidad de Columbia, nos encontramos ahora mismo en un punto de inflexión que nos exige tomar importantes decisiones estratégicas

Un punto de inflexión impone a las organizaciones dos desafíos simultáneos: por un lado garantizar la generación de ingresos y rentabilidad del negocio principal (run) y por el otro, desarrollar las capacidades para poder innovar (chance). El reto es cómo una empresa puede explotar y explorar a la vez de manera ambidiestra. La exploración es una actividad de experimentación y descubrimiento de nuevas alternativas que requiere de inversión y no suele generar resultados inmediatos. Podría incluso implicar decisiones difíciles como tener que achicar el negocio actual para reasignar recursos a los motores de crecimiento emergentes o para desarrollar un negocio completamente nuevo.

A los efectos de llevar a cabo esta ambidiestralidad, estamos asistiendo a una gran variedad de rediseños organizacionales de acuerdo al tamaño y características de las empresas establecidas.

En nuestra experiencia no existe un único modelo. Vimos empresas que han decidido crear laboratorios para centralizar la innovación, mientras que otras sembraron “hot team creativos” en diferentes áreas para descentralizarla. También han surgido sistemas duales, con una parte de la organización dedicada a la explotación del negocio, conviviendo con otra parte orientada a la exploración a través de proyectos de innovación. Conocemos empresas que pusieron en marcha  hackathones o incubadoras para descubrir y desarrollar oportunidades y otras  para acortar el camino decididas a comprar o aliarse con startups que ya mostraron su potencial.     

El dilema actual de la mayoría de los líderes empresariales, si aspiran a surfear con éxito la ola del cambio, es encontrar la mejor configuración para poder gestionar de manera simultánea el presente de la organización y prepararla para el futuro.

Hacer frente con éxito los retos actuales: cambios, incertidumbres, disrupción, adaptación constante.

Ofrecemos acompañarte con rigor conceptual y relevancia práctica a enfrentar estor desafíos mediante nuestros servicios de asesoría, diseño y ejecución:

Medir lo que realmente importa

 

 

Medir lo que realmente importa

Daniel Eduardo Cassieri

Daniel Eduardo Cassieri

Director | Consultor | Estrategia de Negocios | Innovación

Uno de los obstáculos para una adecuada implementación de la estrategia es su deficiente traducción en términos operacionales por carecer de un sistema bien alineado, formal y visible de métricas, indicadores y seguimiento. Según Robert Kaplan y David Norton de Harvard, es indispensable desarrollar un modelo de gestión que vincule a la estrategia con la operación si queremos lograr los resultados esperados.

Es interesante aclarar bien el significado de dos términos para establecer metas que hoy son de uso corriente en las organizaciones:

KPI (Key Performance Indicator)

Indicadores que nos muestran el cumplimiento de un objetivo organizacional. Son los indicadores clave de desempeño que se presentan en los tableros de seguimiento de la estrategia de la organización para reflejar la situación actual y en base de ellos ir tomando decisiones y definir acciones. Son indicadores de negocio Top-Down que miden el Qué 

OKRs (Objetives and Key Results)

Indicadores que nos muestran la gestión de la operación. Es el método para la definición y seguimiento de los objetivos (cualitativos) y de los resultados clave medibles (cuantitativos) de los equipos que implementan. Son indicadores de negocio Bottom-Up que miden el Cómo 

El Cuadro de Mando Integral (CMI) es un modelo de gestión que traduce la estrategia en objetivos relacionados entre sí, medidos a través de indicadores y ligados a unos planes de acción que permiten alinear el comportamiento de los miembros de la organización con la estrategia de la empresa. Su función primordial es la implementación y comunicación de la estrategia a toda la empresa. Es interesante porque el modelo invita a pensar a estos KPIs u objetivos estratégicos desde cuatro dimensiones o perspectivas diferentes:

Financieros

  • ¿Qué resultados debemos ofrecer a los accionistas?. Esta dimensión mide el valor que estamos captando para la empresa y se compone de indicadores de ingresos, crecimiento y rentabilidad.

Clientes

  • ¿Cómo podemos satisfacer las necesidades y expectativas de los clientes?. Es la dimensión que expresa cómo estamos creando valor, los segmentos en donde queremos competir, la ventaja y posición en el mercado. Dos indicadores que reflejan este posicionamiento son la cuota de mercado y la satisfacción de los clientes.

Procesos

  • ¿Cómo podemos desarrollar de manera eficaz los procesos y actividades clave de la empresa?. Está directamente relacionado a la forma en que entregamos ese valor. Recoge indicadores de procesos internos que son críticos para mantener la posición competitiva y llevar la estrategia a buen puerto. Por ejemplo, en el caso de una empresa que compite por precio, los indicadores de productividad y eficiencia operativa suelen ser importantes.

Personas

  • ¿Qué competencias y aprendizajes deben incorporar los colaboradores?. Las personas son la fuente primaria de creación de valor mediante la inversión en la captación de talento, su desarrollo, motivación y sentido de pertenencia. Un indicador que suele integrar bastante bien varias de estas variables es el clima organizacional.

Las cuatro perspectivas del Cuadro de Mando permiten un equilibrio entre los objetivos a corto y largo plazo, entre los resultados deseados y los inductores de actuación de esos resultados para el futuro.

Una vez definidos los KPIs organizacionales alineados a la estrategia debemos avanzar en los  objetivos intermedios asignados a cada equipo o área de la organización. En esta instancia son los colaboradores que construyen sus OKRs que implican entender cómo cada uno contribuye con la estrategia y pensar con qué resultados y soportados en qué iniciativas podemos acercarnos al objetivo buscado.   

En los últimos años los OKRs se han consolidado como la metodología más popular y efectiva para gestionar las metas dentro de una organización. En un mundo tan complejo, uno de sus principales atractivos es la descentralización para identificar los problemas y proponer las soluciones empoderando a los miembros de la organización que estén más cerca. Además los OKRs pueden ser de muchísima utilidad para coordinar y conectar a los equipos detrás de la ejecución de la estrategia.    

Muchas veces las decisiones estratégicas se toman en soledad sin un proceso bien estructurado, con equipos reducidos y con poca claridad sobre los impactos y las consecuencias.         

Nuestra visión externa experta puede ayudarte a diseñar e implementar una buena estrategia de negocio minimizando los riesgos y garantizando que las cosas realmente sucedan.

 

Scroll al inicio